VASSILI ZAITSEV, PUNTERIA BRUTAL


El francotirador fue la llave para acosar y desmoralizar el ataque de las fuerzas alemanas en la batalla de Stalingrado. Los francotiradores implicados se convirtieron en héroes soviéticos. En este contexto nos encontramos con nuestro personaje Vassili Zaitsev, a quien se le adjudican 400 muertos a lo largo de su performance en la guerra, 149 de ellos durante la mencionada batalla. 


Uno a uno caían los soldados alemanes víctimas de este joven que contaba con una técnica y una precisión inigualables, habilidad adquirida mientras cazaba ciervos en los bosques cercanos a Elininski, su hogar en las colinas de las montañas de Ural.



Pronto sus hazañas lo convirtieron en un héroe nacional, pero al mismo tiempo su fama trascendió las fronteras y también se convirtió en un ambicioso objetivo para los alemanes. Luego de numerosos e infructuosos intentos de localizarlo y acabar con él, la cuestión se convirtió en una obsesión.

Entonces los alemanos despacharon hacia Stalingrado desde Berlín a su mejor hombre en la materia, el Mayor Konig, con el expreso propósito de eliminar a los francotiradores soviéticos, principalmente a Vassili Zaitsev.

Pronto se originó un duelo de francotiradores novelesco. Durante varios días, ambos oponentes se movieron con sigilo con el fin de estudiar el terreno y tratar de encontrar al otro, hasta que König hizo su primer movimiento, asesinando a dos francotiradores rusos con sendos disparos en las cercanías de una fábrica. Por lo que Vasili decidió hacerle frente. El lugar elegido: la fábrica Octubre Rojo al pie de la colina de Mamáev Kurgán. Al sitio fue acompañado por su amigo y colega Nikolái Kulikov.

Allí se encontraba el alemán, que también se mantuvo oculto. Así estuvieron tres días con sus noches, esperando ambos con admirable paciencia que el otro cometiera un error y delatara su posición. Al cuarto día, Vasili y Nikolái creyeron saber dónde estaba y urdieron un plan para descubrirlo. Nikolái asomó un casco, el alemán disparó y aquél se arrojó al suelo gritando de dolor. König mordió el anzuelo y se asomó para contemplar a su víctima, hecho que aprovechó Vasili para asestarle un disparo en la cabeza que terminó con su vida.

La mira telescópica del rifle de su presa fue el mayor trofeo de Zaitsev, que todavía se exhibe en Moscú en el museo de las fuerzas armadas.

LEANDRO ALEM, UN HOMBRE DE HONOR


Hijo de un almacenero federal rosista, fusilado, colgado en una horca y exhibido al pueblo tras la derrota de Rosas, Leandro y su familia conocieron la pobreza absoluta. Pero no impidió ello que, gracias al gran esfuerzo de su madre, Leandro Alén, luego rebautizado Leandro N. Além, pudiera realizar los estudios secundarios e ir a la Universidad. 

Nacido el 11 de marzo de 1842, ya en su juventud decidió entregarse por completo a las causas que consideraba justas, lo que no evitó que siguiera un camino poco lineal. Con apenas 17 años, participó en los ejércitos urquicistas para derrotar a los díscolos bonaerenses, contra quienes guardaba rencor por el asesinato de su padre. Dos años más tarde, sin embargo, se unió a las filas de Mitre, para luchar contra Urquiza, y poco después también participaría de la Guerra del Paraguay, siendo herido en Curupaytí.



Pero cuando no tomaba las armas, Alem, junto a su inseparable sobrino, Hipólito Yrigoyen, diez años menor que él, se abocaba de lleno a la actividad política, ahora en las filas del autonomismo alsinista. Por entonces, escribía numerosas poesías y avanzaba en la carrera de Derecho.



A los 27 años, finalmente recibido de abogado, logró ser incluido en las listas de diputados nacionales del autonomismo. Fracasó en dos oportunidades, pero alcanzó a ingresar a la legislatura provincial en 1872. En sus discursos no cejaba en llamar a la defensa del sufragio universal.



La figura de Alem no dejaba de crecer, por su oratoria y el ímpetu con que defendía las causas que creía justas: participa del sofocamiento del alzamiento mitrista, se enemista con Adolfo Alsina, forma el Partido Republicano con Aristóbulo del Valle, es electo diputado nacional y rechaza la cesión de Buenos Aires al dominio nacional. 

La intransigencia, el rechazo a los acuerdos de cúpula y el principismo se convierten en su marca registrada, cuando hacia 1890, el régimen del Partido Autonomista Nacional se vuelve fraudulento y da vueltas las espaldas a la ciudadanía. Entonces, forma junto a Mitre, un viejo conocido, la Unión Cívica. 

Pero en verdad, Alem no creía en la legitimidad de los comicios que se desarrollaban entonces y por ello mismo no consideraba que la Unión Cívica debiera tener fines electorales. Por ello mismo, encabezó en julio de 1890 la Revolución del Parque. La derrota y los acuerdos del conservador Mitre con el gobierno nacional, lo llevaron a fundar un nuevo espacio: la Unión Cívica Radical.



Con la UCR convertida en un partido de oposición al régimen, levantisco, en defensa de los principios cívicos, Alem accedió nuevamente a la cámara de Diputados. Pero sus diferencias con su sobrino Hipólito, cada vez más grandes, los conflictos internos y un duro revez político en la Capital, llevaron a un cansado, enfermo y deprimido Alem a tomar una trágica decisión: el 1º de julio de 1896 se quitó la vida de un tiro. 

Para la historia quedaba su insigne “Qué se rompa, pero que no se doble”.



Fuente : www.elhistoriador.com.ar

LA TRIPLE INFAMIA


El periodista uruguayo Esteban Valenti dice: "Las vergüenzas se ocultan, se dejan abandonadas debajo de nubes de olvido y de confusión o de historias oficiales cortadas a la medida".

 Todos tenemos alguna de esas páginas vergonzosas. Nosotros los argentinos, tenemos varias, pero el verdadero horror nacional fue sin duda nuestra participación en la guerra contra el Paraguay, formando junto a Uruguay y Brasil, la fatídica Triple Alianza.

Juan Bautista Alberdi le puso el nombre que le correspondía ''la triple infamia'' a la guerra que de 1865 a 1870 destruyó al Paraguay a niveles de tierra y población arrasada.  Su población fue diezmada y pasó de más de 500.000 habitantes a 116.351 , de los cuales sólo el 10% eran hombres en edad de trabajar y el resto, viejos, mujeres y niños.

Paraguay perdió gran parte de su territorio (160 mil km²) y fue obligado a pagar una abultada indemnización de guerra: el préstamo de 200.000 £ recibido de Inglaterra debió saldarse con refinanciaciones llevando la suma a 3.220.000 £.

La historia oficial nos enseñó durante demasiado tiempo que Paraguay era tierra de dictadores y de atraso y que sus vecinos fueron a ''civilizarla''. Brasil, el civilizador mayor era el último imperio esclavista, gobernado por una dinastía mientras que en Paraguay no había un solo esclavo.

En la Argentina gobernada por Bartolomé Mitre el poder porteño era impuesto por la fuerza y la violencia, el acceso a la educación era elemental, y la democracia no era ni siquiera una apariencia. La guerra expuso lo peor del mitrismo: en Argentina ''nadie quería ir a pelear contra el Paraguay. Para los hombres del interior estaba claro que se trataba de una guerra fratricida. Ante la oposición generalizada, el gobierno de Mitre decidió lanzar una violenta represión y obligar a los díscolos a incorporarse al ejército como fuera. León Pomer publica en su libro sobre la guerra un recibo extendido por un herrero catamarqueño. Así marchaban los soldados argentinos al frente, esposados, encadenados, absolutamente contra su voluntad.'' Escribe el historiador argentino Felipe Pigna.

En aquella época, Paraguay gobernado por el Mariscal Francisco Solano López, no era el país que es hoy. Era una nación próspera con altísimos niveles de desarrollo y autosuficiencia económica. Los grandes astilleros, fábricas metalúrgicas, ferrocarriles y líneas telegráficas daban cuenta de ello. Además, Paraguay logró ejercer una especie de monopolio económico, cargando con altos impuestos aquellos productos que competían con los suyos: la yerba, el algodón (era el segundo productor en el mundo, luego de Inglaterra) y el tabaco. Paraguay era para ese entonces el único país en América Latina que no tenía deuda externa. 

Los problemas con el país vecino comenzaron cuando en Uruguay el Partido Nacional Blanco fue desestabilizado por los militantes de la oposición, el Partido Colorado. Brasil intervino apoyando a estos últimos, alegando que sus compatriotas brasileños establecidos en la Banda Oriental estaban siendo oprimidos por los fanáticos del Partido Blanco. Pero en realidad lo que llevó al Imperio a intervenir fue la presión de los grandes hacendados que reclamaban las tierras ubicadas cerca de la frontera con Uruguay, sumado esto, además, a los ya antiguos problemas de límites que venían gestándose con Paraguay.

Así, los Blancos decidieron acudir por ayuda al gobierno paraguayo. Para Solano López ésta era una gran oportunidad ya que su país sufría geográficamente de un problemático aislamiento comercial al no contar con una salida propia al mar, lo que los obligaba a depender de los ríos argentinos; una victoria en ese país podría representar una nueva ventaja en la posición geográfica paraguaya.

El Mariscal Solano López intimó a Brasil para que cesaran las hostilidades contra el gobierno uruguayo, pero el pedido no fue aceptado, hecho que dio inicio a las hostilidades entre ambos el 11 de noviembre de 1864, día en el que la armada paraguaya capturó un vapor brasileño. Argentina, por su parte, se declaró neutral.

Solano López comenzó de esta manera su plan bélico contra el Imperio a causa de la ayuda prometida por el ya depuesto gobierno uruguayo. Luego de invadir exitosamente el territorio brasileño de Mato Grosso, el dictador solicitó a Bartolomé Mitre (presidente argentino por ese entonces) un permiso para que sus tropas pudiesen atravesar la provincia de Corrientes para así poder penetrar en Uruguay. Mitre negó ese permiso, más porque su política simpatizaba con los Colorados uruguayos que por intentar seguir manteniendo la posición neutral que había declarado su gobierno.

López, entonces, decidió romper relaciones con Argentina e invadir de todas formas la provincia del litoral en 1865, lo que llevó a Argentina a declararle la guerra a Paraguay.

Así, el 1 de mayo del mismo año se concretó el tratado de la Triple Alianza, llevado a cabo por representes de Argentina, Brasil y Uruguay. El tratado asentaba como objetivo que la guerra estaba dirigida hacia el gobierno de Solano López y no contra su pueblo, aunque se establecieron ventajas limítrofes para los Estados que integraron dicho pacto. 

Las tropas paraguayas que se dirigían hacia Uruguay fueron vencidas, y enn lo sucesivo se dieron una serie de enfrentamientos bélicos en los cuales las fuerzas paraguayas no pudieron más que resistir y retroceder, ya que si bien su ejército contaba con un avanzado y sofisticado armamento, las tropas de la Triple Alianza siempre resultaron ser superiores. La Campaña de Humaitá, comenzada en 1865, es un ejemplo de ello. Esa fortaleza era el obstáculo más difícil que tenían que vencer los Aliados si querían llegar a la capital de Paraguay, Asunción. El sitio duró casi tres años, hasta septiembre de 1868, fecha en la que finalmente las tropas del Mariscal decidieron capitular.

Ese mismo año, Solano López se entrevistó con Mitre con el objetivo de buscar una solución pacífica al conflicto. Sin embargo, no se logró ningún acuerdo ya que el presidente argentino no quiso pactar nada sin la presencia de la diplomacia brasileña.

Tras este fracaso, se libró la batalla de Curupaití, siento ésta favorable para Paraguay. Esto fue consecuencia de las malas tácticas aplicadas por las tropas argentinas y brasileñas quienes, desprevenidas, avanzaron a campo traviesa por un terreno que les era desconocido. La artillería paraguaya causó una gran masacre en las filas aliadas; una de las vidas que allí se perdió fue la del hijastro de Domingo Faustino Sarmiento, Dominguito.

A pesar de esta gran victoria, Paraguay no pudo evitar la toma de su capital, la cual fue arrasada por completo en 1869. Tras esta derrota que dejó casi diezmado al ejército paraguayo, Solano López optó por replegarse hacia el noroeste, escapando de la constante persecución de las tropas aliadas.

Ya sin recursos ni soldados, abatidos por el hambre, las heridas, el cansancio y las eternas marchas por terrenos complicados, los pocos hombres que seguían fieles al dictador López se tuvieron que enfrentar en marzo de 1870 con lo que sería la última batalla. Una columna brasileña los alcanzó en las cercanías del cerro Corá. Los paraguayos combatieron hasta más allá del límite del heroísmo y si hay algo indiscutible, aún para los historiadores más detractores de López es la capacidad de resistencia de ese pueblo frente a potencias militares muy superiores.

En esa batalla definitiva el ejercitó paraguayo estaba integrado en su inmensa mayoría por niños y mujeres comandados por el jefe de estado mayor más joven de la historia, Panchito hijo de Solano López, de sólo 14 años. López, al frente de lo que quedaba de su heroico pueblo, fue herido de un lanzazo. Le ordenó a Panchito proteger a su madre y sus hermanos. Varios soldados se abalanzaron sobre el hombre más buscado por la Triple Alianza. Nadie quería perderse las 100.000 libras que los "civilizadores" ofrecían por la cabeza del mariscal. Allí mismo lo ultimaron.

Los soldados atacaron los carruajes que trataban de huir. Panchito montó guardia frente al que ocupaban sus hermanos y su madre. Los brasileños le preguntaron si allí estaban la "querida" de López y sus bastardos. Panchito defendió el honor nacional y familiar y fue fusilado en el acto.

A Elisa Lynch le tocó dar la última batalla de esta guerra miserable. Con su enorme dignidad, descendió de su carro, cargó el cadáver de su hijo y buscó el de su marido. Cavó con sus manos una fosa y enterró los dos cuerpos y parte de su vida.

Al terminar la guerra, en un rapto de sinceridad, Mitre declaró: "En la guerra del Paraguay ha triunfado no sólo la República Argentina sino también los grandes principios del libre cambio".

El otro gran beneficiario e impulsor de la guerra fue el imperio británico. La teoría  sobre el origen imperialista de la guerra exhibió durante años tres versiones: la que establecía que la guerra fue provocada por Gran Bretaña para abrir en el Paraguay un campo de rentables inversiones y un mercado para las exportaciones británicas, la teoría basada en la crisis del algodón de mediados del siglo XIX, que sostenía que la guerra civil en los Estados Unidos había creado tan grave alteración del mercado que los británicos consideraron al Paraguay como un potencial y rico proveedor de algodón que compensaría la declinante oferta de los estados confederados; y por último el argumento basado en que la incompatibilidad política del gobierno liberal al estilo europeo y el capitalismo estatal al estilo paraguayo habría conducido a Gran Bretaña a financiar una guerra encubierta mediante préstamos a los gobiernos brasileño y argentino.

Lo cierto es que la Banca Rotschild, la Casa Baring y el Banco de Londres constituyen los principales financistas de esa guerra.

LA PREGUNTA DE LEV LANDAU


La selección natural postulada por el naturalista Charles Darwin, se establece como la base de todo el cambio evolutivo. Es el proceso a través del cuál los organismos mejor adaptados desplazan a los menos adaptados mediante la acumulación lenta de cambios genéticos favorables en la población a lo largo de las generaciones.

Pero como hay mucho “visionario” que suele darle la vuelta a las cosas, apareció Trofim Lysenko, ingeniero soviético, que con el apoyo de Stalin consiguió controlar y manipular la investigación para mejorar la producción agrícola de la URSS. Nadie podía criticar sus teorías y muchos científicos (sobre todo genetistas) vieron truncadas sus carreras, sus enseñanzas e incluso sus vidas. Llegó a decir: ” la genética es una ciencia capitalista“.

Según su teoría, esta adaptación de las especies – según Darwin, natural y a lo largo de las generaciones – podía ser modificada radicalmente exponiendo a las especies a estímulos ambientales apropiados: enfriar semillas para adaptarlas a climas extremos, plantas de trigo que producen centeno, etc. El resultado final fue un desastre para la agricultura rusa.

Pero como todo se puede mejorar, en este caso empeorar, en una conferencia en la Academia de Ciencias sobre la herencia de los rasgos adquiridos (Lysenko defendía que cualquier modificación radical sobre un ser vivo a lo largo de las generaciones acaba por ser “natural” en la especie modificada) el físico Lev Landau le preguntó:

- ¿Así pues, usted argumenta que si cortamos la oreja a una vaca, a su descendencia y así sucesivamente, tarde o temprano nacerán vacas sin orejas?
- Sí, es correcto.
- Entonces señor Lysenko, ¿como explica que sigan naciendo vírgenes?

Lamentablemente, años más tarde, Landau moría como consecuencia de un choque frontal contra un camión.





Fuente : www.historiasdelahistoria.com

FRANCOIS VOLTAIRE Y LA UTILIDAD DE DIOS


“La creencia en un Dios remunerador de las buenas acciones y que castiga a los malvados es la creencia más útil para el género humano. Es el único freno de los hombres poderosos; es el único freno de los hombres que cometen hábilmente los crímenes secretos. ...Es necesario para los príncipes y para los pueblos que la idea de un Ser Supremo esté profundamente grabada en los espíritus.”
Francois Voltaire



 
Hacia mediados del siglo XVIII, en Europa, se hacía conocido un particular árbol genealógico. No se trataba exactamente de un linaje aristocrático, ni de la evolución de algún idioma. La tabla en cuestión componía el sistema detallado del conocimiento humano y de la comprensión, y su particularidad consistía en que del extenso árbol, sólo una pequeñísima parte, integrada en el conocimiento filosófico, daba cuenta de la idea de Dios, del alma, del espíritu, siendo desplazadas por el conocimiento de la historia, del hombre, de la naturaleza y de la poesía. 

Este árbol genealógico se daba a conocer nada menos que en una de las primeras enciclopedias modernas, L'Encyclopédie ou Dictionnaire raisonné des sciences, des arts et des métiers, editada por los franceses Denis Diderot y Jean d’Alembert, que ponían de manifiesto esta particular forma de ordenar y clasificar propia de lo que se conoció como La Ilustración

Compartía el espíritu de este texto supremo de la era de la razón, un filósofo francés que, influenciado por los pensadores ingleses John Locke e Isaac Newton, se encargaría de atacar a la Iglesia y consideraría la estupidez humana como fruto de la ignorancia. 



Francois Marie Arouet Le Jeune, más conocido como Voltaire, nacido en París, el 21 de noviembre de 1694, fue un crítico de la intolerancia de la religión, pero también del ateísmo. Creía en Dios, pero quizás más en la razón para dirimir en los asuntos humanos. En el curso de su larga y agitada vida, donde conoció las censuras, condenaciones y polémicas, como así también los más altos honores en las Cortes, este rival del romántico Jean Jacques Rousseau, era un optimista en su lucha contra el oscurantismo y el prejuicio, aunque de a ratos lo desesperara la estupidez del hombre. El conocimiento, sin embargo, no era suficiente. Había que emplearlo para vencer al fanatismo de la mentira. 

A pesar de no ofrecer un pensamiento sistemático, Voltaire se erigió entonces en referente intelectual y político de la burguesía liberal y anticlerical en auge, que protagonizó la Revolución Francesa, aunque este pensador, fallecido en 1788, no llegó a vivirla.


Fuente: 

Maurois Andre, El pensamiento vivo de Voltaire
Buenos Aires, Editorial Losada, 1939, p. 21.

EL PERIODISMO EN MALVINAS


A 30 años de la guerra por la soberanía de las Islas Malvinas, casi todos los medios publican ediciones especiales tratando de explicar las causas que llevaron a la Argentina a enfrentarse con Gran Bretaña. Muchos de los mismos medios que hoy analizan los errores del Gobierno militar, no realizan una autocrítica de la participación pasiva que tuvieron durante los dos meses que duró el conflicto bélico. A excepción de muy pocos casos, los diarios y revistas de mayor circulación se sumaron al sentimiento nacionalista y exitista que intentaba imponer la dictadura militar.

Desde las tapas de los principales matutinos porteños, se acompañó, y a veces hasta arengó, la euforia ciudadana que despertó la posibilidad de recuperar dos islas olvidadas en el sur del continente aquel 2 de abril de 1982.

La población se lanzó a las calles y llenó la Plaza de Mayo para proclamar una victoria inventada por el general Leopoldo Fortunato Galtieri y reflejada en los medios de comunicación, que sólo se limitaban a levantar las noticias que transmitían la agencia y el canal estatal. Los medios llamaron a la población a manifestarse mientras el presidente de facto gritaba desde el balcón: “si quieren venir que vengan, les daremos batalla”.

Clarín titulaba por aquella época: “Euforia popular por la recuperación de Malvinas” y La Nación se sumaba días después con un “Alborozo ciudadano por la reconquista de Malvinas”.

La Razón, el 2 de abril de 1982, horas después de iniciarse el conflicto, titulaba: "Se recupera una zona de gran riqueza" y desde Córdoba, La Voz del Interior decía: "Argentina reconquista las islas Malvinas".

El título que eligió Crónica fue "Argentinazo:¡Las Malvinas recuperadas!" y la sexta edición de La Razón afirmó en la tapa: "En las Malvinas hay gobierno argentino".

Sólo tres periodistas argentinos fueron a las Malvinas a cubrir la guerra: Nicolás Kasanzew de Canal 7, y Diego Pérez Andrade y Carlos García Malod, ambos de la agencia estatal Télam. Los medios oficiales estaban controlados por el Gobierno de facto y no dejaban filtrar ninguna noticia que se contradijera con el discurso oficial de triunfalismo.

Desde Buenos Aires, era muy limitada la información genuina que los medios podían levantar, por lo que no hubo una intención de investigar lo que realmente estaba pasando con los 5.000 soldados que desembarcaron en las Islas.

La euforia Malvinas la transmitieron también periodistas como Mariano Grondona y Bernardo Neustadt.

Las páginas de revistas como Gente o Somos se llenaron con fotos e imágenes de jóvenes de 18 años “dando la vida por la patria”, aunque no todas coincidieron en su postura frente al conflicto:
La revista Gente publicó un título simbólico, que quedó grabado en el imaginario colectivo de la Argentina: "Estamos Ganando", decía su tapa del 6 de mayo de 1982. Siete días después, el próximo número, fue titulado "Gran Bretaña asesina".

El 27 de mayo insistió con "Seguimos ganando" y detalló: "6 buques hundidos, 16 averiados, 21 aviones y 16 helicópteros derribados. Estamos destruyendo la flota británica". Por aquella época, el ejército del Reino Unido había desembarcado en San Carlos, un hecho nada alentador para los soldados argentinos.

La revista Somos también fue parte de la tendencia triunfalista. El 9 de abril de 1982 publicó un número extraordinario titulado: "Victoria ¿Y ahora qué?". El 15 de junio, cuando la derrota era una realidad innegable, el título fue "Perdimos la guerra, no perdemos el país".

La revista Humor intentó ser crítica desde la ironía. Algunos de sus titulares fueron:"Relaciones interiores, ¿nos hicieron la cama?", en mayo de 1982 y "Nos invaden cada 176 años", en el mes de junio.

La revista La Semana tampoco sucumbió al fervor triunfalista, y sufrió las consecuencias de su mirada alternativa. A cargo de Samuel Gelblung, la revista publicó un artículo del prestigioso periodista Jack Anderson en el que se decía que el futuro de la guerra de Malvinas era, para la Argentina, poco promisorio. La visión crítica desencadenó una ola de censura gubernamental que se extendería en poco tiempo a varios medios y que le depararía a Gelblung una serie de amenzas y bombas que hicieron que dejara el país a causa de su posición antibelicista.

El diario Buenos Aires Herald tampoco se plegó al sentir nacionalista, tal vez porque los militares no entendían inglés. Pero, ningún medio tenía una fuente propia, nadie hablaba de los muertos, ni de las condiciones en las que estaban los soldados, ni de las estrategias reales para poder ganar una guerra, que parecía perdida de antemano.

Las preguntas llegaron después, cuando hubo que anunciar la derrota y nadie pudo creerlo, ante los titulares que sólo hablaban de victoria.

El 14 de junio de 1982 la Junta Militar admitió la derrota, que costó la vida de 649 argentinos y la credibilidad de los medios, que 30 años después intentan recuperar.

MALVINAS, LAS HERIDAS ABIERTAS



Alguna vez Jorge Luis Borges declaró :  "En otros tiempos yo estaba muy inquieto por mi país, pero ahora estoy desesperado. Los militares que nos gobiernan son tan incompetentes, tan ignorantes... Nadie conocía esas islas. Hizo falta que nuestros militares la desenterraran para hacer la guerra; los militares nuestros son mucho más peligrosos para nuestros compatriotas que para el enemigo. Las Malvinas fue una guerra de dos calvos por un peine".

Las Malvinas son argentinas, decimos todos, pero no todos tenemos en claro si los argumentos son válidos porque no conocemos en totalidad la historia de las islas. Pero más allá de eso, lo que no nos puede despertar dudas, es que entendernos dueños no nos da derecho a una invasión imprevista y anacrónica. La soberanía sobre ellas habría que haberla reclamado por todos los medios posibles y siempre teniendo en claro que la solución de todo conflicto implica evitar por completo una confrontación bélica.

Lo cierto es que el presidente de facto Leopoldo Fortunato Galtieri, asesorado por sus secuaces ultra-nacionalistas y alentado por una facción del pueblo, vio en ella la posibilidad de manipular la opinión pública intentando encubrir los resultados nefastos de su gestión.

Y allí fuimos, mejor dicho, fueron nuestros jóvenes, muchos de ellos con tan sólo 18 años, venidos de las provincias del norte donde el clima no puede ser más antagónico respecto al del Atlántico Sur, con escasa o nula instrucción militar y precariamente armados.

A pesar de que intentaron hacernos creer lo contrario, la guerra estaba resuelta apenas comenzada. Duró 60 días, 45 de combates, y sólo porque nuestros chicos pelearon con una gravura insospechada y porque el heroísmo incalculable de nuestros pilotos de la Fuerza Aérea le complicaron la contienda a la armada británica.

En ella murieron 649 argentinos: 323 durante el hundimiento del crucero General Belgrano y 326 en el archipiélago.  Pero esto no es todo, el Estado no tiene cifras oficiales, pero entre los veteranos la mayoría habla de más de 350 casos de suicidios. Hay incluso quienes afirman que ya son 454 los ex combatientes que se quitaron la vida. El dato, más simbólico que estadístico, estremece: la cantidad de suicidios de ex combatientes argentinos de la Guerra de las Malvinas ya es superior al número de los que cayeron durante el combate en las islas.

“Todos los que estuvimos en Malvinas –confiesa César González Trejo, fundador de la Federación de Veteranos de Guerra– nos preguntamos en algún momento si no hubiera sido mejor que nos quedáramos allá. Siempre surge la pregunta: ¿por qué él, por qué mi compañero, y no yo?”

Hace pocas semanas, González Trejo perdió a un amigo y compañero de militancia, Ignacio Bazán, que apareció colgado en su casa de Lanús. De los soldados conscriptos que sobrevivieron a la guerra, Bazán era el único que había sido condecorado con la medalla de honor al valor en combate por su heroico rescate de un compañero que se había caído al mar.

"Un día no tenía un mango y fue a empeñar la medalla al Banco Ciudad", recuerda González Trejo con lágrimas en los ojos. Dice que Bazán estaba orgulloso de su experiencia en Malvinas. El problema fue lo que vino después: una sociedad que miró para otro lado, que no recordó a los que murieron ni contuvo a los que volvieron. La maldita "desmalvinización".

Antes del de Bazán, el último caso que trascendió en los medios fue el de Ramón Antonio Acevedo, también conocido como "Pucará". Trabajaba como pescador y vivía en un pequeño rancho sobre el río Paraná, en la localidad chaqueña de Puerto Vilelas. Tenía cinco hijos. En diciembre pasado, luego de que lo internaran por un problema de cirrosis, se disparó con una escopeta.

Las historias se repiten, pero son todas distintas, todas únicas. Los hechos hablan con la fuerza de los símbolos: hace siete años, Eduardo Paz, desempleado, dejó sin padre a sus seis hijos al arrojarse al vacío desde el Monumento Nacional a la Bandera, en Rosario. Una semana antes, el gobierno provincial le había dado una casa.
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