Con la burbuja de hoy nos remontaremos al 30 de marzo de 1981, día en que el entonces presidente de los Estados Unidos Ronald Reagan, fue víctima de un intento de asesinato a la salida de una conferencia en el Washington Hilton Hotel.
Todo el mundo fue testigo del incidente, que quedó grabado por cinco cámaras y transmitido por la mayoría de los canales de televisión abierta. Todos fuimos testigos del momento en que John Hinckley, Jr. irrumpió en escena de entre la gente y efectuó seis disparos, hiriendo en la frente al Secretario de Prensa de la Casa Blanca, James Brady, en la espalda al oficial de policía del Distrito de Columbia, Thomas Delahanty, en el abdomen al agente del Servicio Secreto Timothy McCarthy -que heróicamente expuso su cuerpo para cubrir al presidente-, y al propio Reagan, luego que una bala rebotara en la limusina e impactara en su axila izquierda, lastimando una costilla y alojándose en el pulmón, deteniéndose a cerca de una pulgada del corazón.
Inmediatamente los agentes del Servicio Secreto entraron en acción, tirando a Hinckley al suelo y reduciéndolo.
Inmediatamente los agentes del Servicio Secreto entraron en acción, tirando a Hinckley al suelo y reduciéndolo.

Lo insólito del atentado fue su motivación, que surgió a partir de una obsesión por parte de Hinckley con la actriz Jodie Foster, más precisamente en torno al personaje que ella protagonizó en la película Taxi Driver, donde encarnaba a una prostituta menor de edad. Al parecer, el frustrado homicida, se identificaba fuertemente con Travis Bickle, el protagonista principal del film, interpretado por Robert De Niro, que termina convirtiéndose en un psicópata asesino.

Finalmente sería Reagan quien caería en desgracia. Aquel día, sabiendo que tal vez no viviría para contarlo, escribió una carta —que no envió— a Foster, diciéndole que esperaba impresionarla con la magnitud de su acción. Al ser detenido lo primero que preguntó a los agentes fue si la Ceremonia de los Óscar de esa noche se pospondría debido a los acontecimientos, y de hecho fue pospuesta —se transmitió la noche siguiente.
Hinckley fue declarado no culpable por motivos de demencia y ha permanecido confinado en una Institución mental.
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